Hoy en día se habla mucho de las TICS (Tecnologías de la Información y la Comunicación). Y es lógico: en el primer mundo, su presencia es ubicua y ya están consideradas como una parte más de la vida cotidiana. Los dispositivos digitales, las pantallas y los motores de búsqueda están alcanzando la consideración de "imprescindibles" en numerosos ámbitos, incluso se debate enormemente acerca de la iniciación de los niños en las mismas: algunos sectores consideran que negarles el acceso a lo digital es aislarlos socialmente (teoría con la que quien esto escribe no concuerda en absoluto, pero esto es tema para otro debate).
Dicho esto... ¿las nuevas metodologías de enseñanza necesitan, imperativamente, las TICS? Opino que no. Es cierto que la tecnología ofrece una serie de herramientas y posibilidades que ayudan a estimular al alumnado y a preparar ejercicios, prácticas y actividades acordes a estos nuevos métodos, como la gamificación o el aprendizaje mediante proyectos grupales (que ya existía antes, pero que es mucho más fácil de llevar a cabo y coordinar a sus integrantes si se usan las TICS).
Pero esto no significa que sin ellas no se pueda. La creatividad, el ingenio y un poco de mañana manual puede muchas veces suplir a pantallas y dispositivos, enseñando de paso a los alumnos la puesta en uso y el valor del trabajo artesano manual y fomentando su autonomía, al no depender siempre de un aparato digital. Además, este recursos es ideal para aquellos centros educativos y países que no pueden permitirse tecnificar sus aulas cuya población carecer de acceso generalizado a los dispositivos digitales (no olvidemos que en muchos países son un lujo).
De hecho, la OECD (Organisation for Economic Co-Operation and Development, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos en castellano) elaboró un informe en 2015 (consultable aquí) que indicaba que una fuerte inversión tecnológica en las aulas no se correlacionaba con mejoras significativas en los informes PISA y que, de hecho, algunos países incluso empeoraron su rendimiento. No deja de ser significativo que países con altos rendimientos (Finlandia, Corea del Sur, Japón) sigan incluyendo en sus programas formativos numerosas actividades manuales como caligrafía tradicional, o enseñen a leer mediante dibujos y un piano para acompañar a los alumnos cantando las letras.
Un muy buen ejemplo de que se puede jugar y aprender sin usar nada más que un lápiz, papel, libros y creatividad son los juegos de rol, cada vez más en boga y avalados por diversos estudios (Exploring the Use of Role-playing Games in Education, de Richard Heinz Patrick Prager, Role-playing Games Used as Educational and Therapeutic Tools for Youth and Adults, de W. A Hawkes-Robinson), que no sólo son una estupenda herramienta para enseñar tanto Histria como Matemáticas, si no que también desarrollan y fomentan el trabajo en equipo, la creatividad, el pensamiento lateral, la resolución de problema, la empatía, la toma de decisiones, el sentido de la responsabilidad y la consecuencia de los propios actos y el aprendizaje por experiencias, aunque sean teóricas y narradas. Todo ello mediante una actividad sumamente divertida y que se puede realizar en prácticamente cualquier parte, por muy escasos que sean los medios de los que se disponga. Y además ayudan a la integraci´n de alumnos tímidos o con necesidades educativas especiales. Yo los he probado con excelentes resultados y los recomiendo ampliamente.
Evidentemente, con esto tampoco quiero decir que las TICS no sean buena so necesarias. Vivimos en un mundo cada vez más tecnificado, así que por supuesto que es necesario que el alumnado sepa desenvolverse en dichos campos. Sencillamente, no deberíamos irnos al otro extremo con ellas: en el término medio está la virtud. Sepamos usar nuestros dispositivos y nuestras manos también, para salir siempre del paso y que nuestros alumnos salgan también, listos para afrontar el mundo en todas sus facetas.
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